¿La Unión Civil es una cuestión de Derechos Humanos?

derechos humanos

Por Christian Rosas. Politólogo

Muchas personas están convencidas de que los derechos de las minorías sexuales se equiparan a la lucha por los derechos de la mujer, la abolición de la esclavitud o la derrota de la segregación racial, por eso concluyen que esto es un paso adelante hacia el progreso humano, político y civil de los pueblos en el mundo. Sin embargo, esta comparación es errada dado que la homosexualidad no es una condición inherente al ser humano como lo es el sexo (hombre o mujer) o el color de piel (blanco, negro, etc.). La orientación sexual es una atracción (así lo define la psicología actualmente), por lo tanto, se está mezclando conceptos al compararlo con las luchas por los derechos humanos. Veamos.

Los derechos de la mujer, así como los derechos a no ser segregado y/o discriminado por el color de piel y a ser tratado con equidad ante la ley, provienen de la premisa cristiana del valor de la persona humana que postula que todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto tenemos igualdad en valor y dignidad humana ante la ley y el Estado. Este concepto venció a su contraparte atea que proponía la idea del Darwinismo Social donde se consagraba la supervivencia del más fuerte y que generaba así diferencias de valor y dignidad entre las “razas” humanas por un lado y en el sexo “débil” y el “fuerte” por el otro. Fue, por tanto, la cosmovisión cristiana occidental, la base y fundamento sobre los que se construyeron los derechos humanos modernos.

Sin embargo, en necesario aclarar que los derechos humanos se dan simplemente por el hecho de ser humano, sin ninguna restricción por los aspectos inherentes o innatos al ser humano e indistintamente de su religión, orientación sexual o idioma. Por esto, los derechos humanos no empiezan cuando uno reconoce su atracción homosexual o su opción religiosa (o falta de religión), los derechos humanos pertenecen a todo ser humano por el simple hecho de formar parte de nuestra especie, sin distinción alguna y no porque se tenga alguna atracción sexual específica.

Es importante comprender que la homosexualidad no es una condición humana innata, sino una atracción adquirida. Esto significa que uno no nace gay, por más que los hombres y mujeres con atracciones homosexuales sientan así. Por eso no se puede comparar el color de piel o el sexo, que son características innatas al ser humano, con la homosexualidad que es una atracción adquirida. Este debate quedó zanjado cuando el genetista Francis S. Collins ―quien dirigió por más de nueve años el proyecto Genoma Humano― concluyó diciendo: “No hay ni gen homosexual ni gen de Dios. O sea, el hombre ni nace homosexual, ni nace religioso. En ambos casos se transforma en lo uno y en lo otro.”

Por lo tanto, la religión, la atracción sexual y el lenguaje, al ser aspectos adquiridos y desarrollados posteriormente al nacimiento, requieren libertades y no derechos especiales o privilegios. Así como uno no elige el idioma que habla porque es transmitido por la familia y la cultura según la localidad geográfica de nacimiento, las conductas sexuales son moldeadas a temprana edad (según la Asociación de Psicología Americana).

El derecho internacional y nacional reconocen a la familia natural por ser parte de las ciencias naturales, y dentro de ellas se incluye la reproducción humana. La familia por tanto no debería ser redefinida por las ciencias sociales, porque el fin del Estado no es promover ideologías o conductas sexuales, sino reconocer y defender a la familia por su propósito, lo cual es la procreación y con esto la perpetuación social. La procreación solo se da mediante un padre y una madre y es por esto que el Estado reconoce y promueve esta unión heterosexual delimitando deberes y derechos a estos para con sus futuros hijos.

Los hijos tienen derecho a un padre y a una madre para desarrollarse adecuadamente. Si permitimos que la familia sea redefinida entonces los hijos de personas con atracciones homosexuales verán sus derechos a herencia recortados simplemente por una atracción afectiva o sexual que sienta su progenitor(es). Esto viola el derecho de los hijos al convertirlos en personajes secundarios y no primarios. La razón y fin del Estado es el ser humano. Si se concibe que el ser humano no es un fin sino un medio que puede adaptarse a las uniones creadas socialmente y que se definen en función a atracciones (orientación sexual), entonces el valor humano quedaría reducido al de un producto que solo sirve para complementar estos modelos suplementarios de relación.

Por lo tanto debemos recordar que es una obligación tanto en el derecho internacional como en el nacional el de proteger a la familia natural y no a las uniones homosexuales construidas socialmente. Esta defensa la debe realizar el estado y la sociedad según:

  • La Declaración Universal de los Derechos Humanos – Artículo 16.1 y 16.1
  • La Convención Americana sobre Derechos Humanos – Artículo 17.1 y 17.2
  • El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos – Artículo 23.1 y 23.2
  • Constitución Política del Perú – Artículo 4

Innato y adquirido

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